Primero fue un castro, luego un pueblo, después una villa y por último una ciudad.
No es un acertijo, es la evolución de Ferrol a través de los tiempos, y quien no la conozca ignorará además muchos otros datos que para una gran mayoría son irrelevantes y que para una inmensa minoría nos resultan vitales para poner en valor el espacio que habitamos.
Ese valor muchas veces se ve mermado gracias a comentarios que desprecian lo que en realidad nos puede sacar del ostracismo al que nosotros mismos nos condenamos cuando evitamos hablar de nuestra procedencia, en lugar de ejercer de embajadores de nuestra ciudad ante cualquiera que nos pregunte por ella.
No se trata de enmascarar la realidad y evitar el hablar de los defectos que existen, sí, existen, al igual que virtudes que en otros pueblos, siendo de menor entidad, se promocionan y ensalzan hasta niveles internacionales. Somos más incapaces o menos creativos que en esos pueblos, yo creo que no, simplemente lo dejamos correr, como todos los temas relativos a Ferrol, que se discuten hasta el hastío y a los que no ponemos remedio aun cuando estén en nuestras manos.
Seguiremos singladura, rumbo a Ferrol
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